Las diversas formas de generación de energía eléctrica son genéricamente clasificadas como "convencionales" y "no convencionales" , incluyendo en el primer grupo a las fuentes utilizadas actualmente para satisfacer las grandes demandas de los conglomerados urbanos y que comprenden las máquinas térmicas de combustión, la hidroelectricidad y la reacción nuclear. La totalidad de las fuentes energéticas restantes se definen como no convencionales, entre las que conviene destacar la eólica, la solar, la geotérmica, la mareomotriz y la biomasa; algunas de ellas de vieja data pero puestas al día por la aplicación de modernas tecnologías.
Aunque no hay indicios que demuestren que el mundo ha comenzado a dejar de depender de los combustibles fósiles, se tiende a reconocer cada vez más que las consecuencias para el ambiente (a nivel local, regional y especialmente global) de estas fuentes de energía pueden llegar a ser tan graves como para restringir su uso
La producción y el consumo de combustibles gaseosos (sobre todo el gas natural) constituye el sector de mayor expansión de toda la variedad mundial de fuentes de energía. La producción mundial aumentó un 9 por ciento entre 1988 y 1991, llegando a representar el 22,8 por ciento de la producción y el 23,7 por ciento del consumo global de energía (División Estadística de las Naciones Unidas, 1991). Las turbinas de ciclo combinado de alto rendimiento y el impacto ambiental relativamente bajo del gas natural son los dos factores que hacen que este combustible sea atractivo. Algunos países satisfacen una parte importante de su necesidad de combustible importando gas natural.





